lunes, 16 de abril de 2018



EVANGELIO DE LA FRATERNIDAD


Parecería que la fraternidad es un dato evidente. Pero no es cierto. La hermandad sólo se descubre a través de los ojos de la fe. Una mirada superficial no nos revela en el otro a un hermano. Los ojos de la carne descubren en el otro a un amigo o un enemigo, un colega o un extraño. Para percibir en el otro a un hermano es preciso creer en un Dios que es Padre y afirmar, a la luz de la fe, que su paternidad alcanza por igual a todos los hombres y mujeres de este mundo. Por eso se puede decir que la fraternidad es todo un evangelio: es decir una «buena noticia». Un evangelio que nos ha sido confiado. Un evangelio que hemos de proclamar cada día. Un evangelio de cuyo anuncio y vivencia se nos ha de pedir cuenta. Este evangelio de la fraternidad ha de ser anunciado, celebrado y practicado por los creyentes en el Señor resucitado.

Anunciar la fraternidad En primer lugar es preciso anunciar esa buena nueva de la fraternidad en el interior mismo de la Iglesia. Los creyentes hemos sido llama dos a creer en la palabra del amor y a sentarnos en torno a la mesa de la unidad. Será preciso recordar que «el cristianismo está abierto a la fraternidad universal, porque todos los hombres son hijos del mismo Padre y hermanos en Cristo» . Y, una vez evangelizada, la Iglesia ha de anunciar a todo el mundo la buena noticia de la fraternidad: «Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación» (GS 3 b).


Hacen falta nuevos e incansables profetas de la fraternidad. Los verdaderos profetas no son los que solamente se limitan a anunciar futuros de calamidades o de fáciles entusiasmos. Los profetas tienen la gracia y la osadía de escudriñar con ojos de fe los signos de los tiempos. El ministerio profético incluye siempre el anuncio, la denuncia y la renuncia. — Anuncio de que Dios ha ofrecido su paternidad a todos los hombres y mujeres de este mundo, sin distinción de razas o países. Y anuncio de la posibilidad y la urgencia de una opción generosa y compasiva en pro de la fraternidad de todos los hombres y mujeres del mundo. En el anuncio de Jesús, y en la perspectiva del Reino de Dios, «un vínculo, como el de la fraternidad significa una cosa distinta de la “fraternidad según la carne”, que deriva del origen común de los mismos padres»  Cf. (FLECHA ANDRÉS, 2018)





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