viernes, 20 de abril de 2018



¿Qué quiere decir ser Santo?

Ser santo es participar de la santidad de Dios. Nuestro Padre, nos creó para ser santos. Dios nos ha llamado y nos capacita a todos a ser santos: "Sean santos... porque Yo, el Señor, soy santo" (Lev 19,2; Mt 5, 48). Cristo vino al mundo para hacer posible nuestra santidad. Es por eso que en el Nuevo Testamento se le llama "santos" a los cristianos (1 Cor 1, 12; Rm 1, 5; 1Pe 1, 15-16). Son santos solo si viven su fe (Apoc 21, 2.10). Los santos del cielo murieron en gracia de Dios. Su santidad comenzó en la tierra. Los santos «han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo” (Hechos de los Apóstoles 15,26) (Cf. Gaudete Et Exsultate 1 al 10).

El Papa Emérito Benedicto XVI nos explica: "El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo".


SAN PIO X 

La Santidad… una luz que brilla 

en medio de la oscuridad


¡¡¡ La caridad es hermana gemela de la santidad !!!   La caridad de José Sarto con todos quedó de manifiesto desde los primeros años de su sacerdocio, hasta el punto de convertirse en legendaria: era diligente en darlo todo y nunca tenía una moneda en el bolsillo, y se jactaba de haber nacido pobre y de vivir como tal.

La llamada a ejercer la mayor de las cargas en la Iglesia no le hizo perder la bondad ni la humildad, sobre todo con respecto a las personas de modesta condición. Se sentía responsable de la suerte de todos los desdichados, y daba sin llevar la cuenta. En una ocasión en que le aconsejaron que moderara la caridad para no dejar en la bancarrota a la Iglesia, él mostró ambas manos y respondió: “La izquierda recibe y la derecha da. Si doy con una mano, mucho más recibo con la otra”. Esa inagotable caridad procede de su unión íntima con Dios.



Esa santidad suya se reflejaba en su rostro, en sus palabras, en su espíritu de oración y en su incansable sentido apostólico. Cuantos le trataron de cerca aseguraban que acababan de ver a un santo. En vida se le atribuían milagros. Su blanca figura de Papa era la encarnación de la mansedumbre y el sentido sobrenatural.



lunes, 16 de abril de 2018



EVANGELIO DE LA FRATERNIDAD


Parecería que la fraternidad es un dato evidente. Pero no es cierto. La hermandad sólo se descubre a través de los ojos de la fe. Una mirada superficial no nos revela en el otro a un hermano. Los ojos de la carne descubren en el otro a un amigo o un enemigo, un colega o un extraño. Para percibir en el otro a un hermano es preciso creer en un Dios que es Padre y afirmar, a la luz de la fe, que su paternidad alcanza por igual a todos los hombres y mujeres de este mundo. Por eso se puede decir que la fraternidad es todo un evangelio: es decir una «buena noticia». Un evangelio que nos ha sido confiado. Un evangelio que hemos de proclamar cada día. Un evangelio de cuyo anuncio y vivencia se nos ha de pedir cuenta. Este evangelio de la fraternidad ha de ser anunciado, celebrado y practicado por los creyentes en el Señor resucitado.

Anunciar la fraternidad En primer lugar es preciso anunciar esa buena nueva de la fraternidad en el interior mismo de la Iglesia. Los creyentes hemos sido llama dos a creer en la palabra del amor y a sentarnos en torno a la mesa de la unidad. Será preciso recordar que «el cristianismo está abierto a la fraternidad universal, porque todos los hombres son hijos del mismo Padre y hermanos en Cristo» . Y, una vez evangelizada, la Iglesia ha de anunciar a todo el mundo la buena noticia de la fraternidad: «Al proclamar el Concilio la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta, ofrece al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocación» (GS 3 b).


Hacen falta nuevos e incansables profetas de la fraternidad. Los verdaderos profetas no son los que solamente se limitan a anunciar futuros de calamidades o de fáciles entusiasmos. Los profetas tienen la gracia y la osadía de escudriñar con ojos de fe los signos de los tiempos. El ministerio profético incluye siempre el anuncio, la denuncia y la renuncia. — Anuncio de que Dios ha ofrecido su paternidad a todos los hombres y mujeres de este mundo, sin distinción de razas o países. Y anuncio de la posibilidad y la urgencia de una opción generosa y compasiva en pro de la fraternidad de todos los hombres y mujeres del mundo. En el anuncio de Jesús, y en la perspectiva del Reino de Dios, «un vínculo, como el de la fraternidad significa una cosa distinta de la “fraternidad según la carne”, que deriva del origen común de los mismos padres»  Cf. (FLECHA ANDRÉS, 2018)






EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE
SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUALS.S.FRANCISCO



 “Alegraos y regocijaos” (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: “Camina en mi presencia y sé perfecto” (Gn 17,1).
No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).
Para leer y disfrutar en cinco capítulos lo que  el Papa  presenta para  enriquecer nuestra vida  con su doctrina.


domingo, 18 de marzo de 2018


CONSTRUYAMOS  FRATERNIDAD 


La fraternidad en la praxis de Jesús, puede ser inspiradora para reconstruir espacios de reconciliación que nos devuelvan la esperanza y nos hagan asumir opciones de vida que busquen el bien común. Seguir el estilo de Jesús supone una «espiritualidad cristiana», no porque el sujeto pertenezca a una determinada confesión religiosa, sino porque viva con el mismo espíritu con el que vivió Jesús y asuma su causa por la humanización no violenta ni ideológica de la sociedad. Es "cristiana" en cuanto entiende que Jesús es paradigma del modo de relacionarnos con Dios "Padre compasivo" y con los demás como hermanos.
No se puede hablar de tal espiritualidad si no se apuesta por el camino de la no violencia (Mt 5,9), si no se lucha en favor de la justicia (Mt 5,10) y si ni se opta por el pobre y la víctima (Lc 6,20), independientemente de su condición moral o política, porque "en Dios no hay acepción de personas"(Gal 2,6).

ENCÍCLICA DE PAPA PIUS X  SOBRE LA ENSEÑANZA DE CHRISTIAN DOCTRINA

 



Recomendamos releer la Encíclica de Papa Pio X, sobre la enseñanza de Christian Doctrina “ACERBO NIMIS” que para el hoy de nuestra historia no ha perdido vigencia, un aparte de esta en el numeral 3.



Herman@s: No hay razón para extrañar que la corrupción de la moral y la depravación de la vida ya es tan grande, y cada vez cada vez mayor, no sólo entre los pueblos no civilizados pero incluso en esas mismas naciones que se llaman cristianos. El apóstol Pablo, escribiendo a los efesios, les advirtió repetidamente en estas palabras: "Sin embargo, la inmoralidad y cada impureza o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como ser santos, o la obscenidad o necedades". También coloca el fundamento de la santidad y sonido moral en el conocimiento de las cosas divinas - que mantiene en jaque malos deseos: "Vea a ella, por lo tanto, hermanos, que caminan con cuidado: no como necios sino como sabios por lo tanto, no llegan a ser... necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor.

Por la voluntad del hombre conserva muy poco de ese amor divinamente implantado de la virtud y la justicia por la cual era, por así decirlo, atraído fuertemente hacia el bien real y no meramente aparente. Desordenada por la mancha del pecado original, y casi olvida de Dios, su Autor, indebidamente convierte cada afecto a un amor de la vanidad y engaño. Esto se yerra, cegados por sus propios malos deseos, tiene necesidad, por tanto, de una guía para dirigir de nuevo a los caminos de la justicia de donde se ha desviado lamentablemente.

El intelecto mismo es esta guía, que no necesita ser buscado en otros lugares, pero es proporcionada por la propia naturaleza. Es una guía, sin embargo, que, si se carece de su luz compañero, el conocimiento de las cosas divinas, será sólo una instancia del ciego guiando a otro ciego para que ambos caerán en el hoyo. El santo rey David, alabando a Dios por la luz de la verdad con la que había iluminado el intelecto, exclamó: "La luz de tu rostro, Señor, está firmado sobre nosotros."  Luego se describe el efecto de esta luz por añadiendo: "has dado alegría a mi corazón", alegría, es decir, que se agranda nuestro corazón para que se ejecute en el camino de los mandamientos de Dios.(Cf. AN N° 3)


lunes, 19 de febrero de 2018

CONSTRUYENDO FRATERNIDAD







La fraternidad  no es sólo un  sentimiento filantrópico  que lleva a una relación de afecto y amistad con los semejantes. Jesús nos reveló nuevas  dimensiones que nos permiten  comprender mejor el sentido profundo  de los vínculos de hermandad que  Dios ha querido que existan entre los seres humanos.

Nos revela que Dios, creando el ser humano a su imagen y semejanza, lo ha creado para la comunión. El Dios creador que se ha revelado como Amor, como Trinidad y comunión, ha llamado al hombre a entrar en íntima relación con Él y a la comunión interpersonal, o sea, a la fraternidad universal.  Esta es la más alta vocación del hombre: entrar en comunión con Dios y con los otros hombres, sus hermanos.



A partir del Concilio Vaticano II, se ha re- descubierto la importancia de la fraternidad en la vida religiosa. Esta se presenta como una vivencia fraternal del evangelio y dice (VC,42) que en ella radica su principal testimonio, que esta es la forma de hacer presente  la salvación de Jesucristo que posibilitó la fraternidad entre todos nosotros.  Por lo tanto la  fraternidad  abre a la vida religiosa a la universalidad en la diversidad.
La fraternidad hace que la vida religiosa sea un signo, independientemente de  lo que cada comunidad haga o del apostolado  al que se dedique: personas diferentes, de diferentes culturas y razas, con diferentes sensibilidades y con diferentes edades… y que, no obstante los inevitables conflictos y dificultades que una vida en común lleva consigo, viven juntos/as, oran juntas, construyen un proyecto comunitario  día a día, crecen juntos humana y espiritualmente e intentan ser fieles a la llamada de Dios. Nuestro paradigma para vivir la vida en fraternidad es el icono de los Hechos (4, 32-37;  Lc 4,16-22) y poner en práctica el “mandamiento nuevo” del Señor: el amor fraterno (Jn 13,34; 17,11).